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EL ABUCHEO AL PODER CÍNICO Y PREPOTENTE

El abucheo se dirigía a una figura concreta, pero convocaba un conjunto mucho más amplio de inconformidades acumuladas. Era una interpelación a un modelo de gobernanza y a una cadena de decisiones que, para muchos universitarios y para amplios sectores del País, han contribuido al debilitamiento progresivo de la institución.


Amaryllis R. Muńoz Colon

Profesora jubilada


¡No minimicemos un abucheo importante!


El abucheo no fue solamente por el discurso de la presidenta de la Universidad de Puerto Rico, como lo presentó El Nuevo Día en su primera plana.


El abucheo constituye una condensación de malestares acumulados. Es la expresión audible de años de frustraciones, desencantos y agravios que exceden con mucho el contenido de unas palabras pronunciadas en una ceremonia.


Su nombramiento arbitrario, como lo han sido muchos otros, y su presencia contumaz desafían el malestar de una Universidad que está siendo serruchada desde diversos flancos, desde adentro y, sobre todo, desde afuera. Los recortes presupuestarios, las intervenciones externas, la política partidista que históricamente ha incidido en la institución, las decisiones alejadas de la participación universitaria y el progresivo deterioro de las condiciones de trabajo y estudio han producido una profunda herida institucional.


Foto Captura Video, Xavier Araujo de END
Foto Captura Video, Xavier Araujo de END

El abucheo y las canciones de protesta son síntomas de un malestar que reclama acción.

Más llamativa aún resulta la imagen de una presidenta que sonríe, aplaude y permanece impasible ante las manifestaciones de rechazo. No parece interpelada por ellas ni convocada a una reflexión sobre lo que expresan. Su actitud proyecta una preocupante desconexión, una aparente certeza de estar respaldada por el poder político-partidista y una posición de poder que parece mirar con desdén el sentir de amplios sectores de la comunidad universitaria y del País.


Así las cosas, parece evidente que el abucheo no tenía como único destinatario a la presidenta. Personalizarlo exclusivamente en su figura sería reducir el alcance de lo que allí se expresó.


El abucheo parecía dirigirse también a:


1. Una estructura de gobernanza más amplia y a quienes han impulsado políticas de austeridad sin examinar cuidadosamente qué debe preservarse para que la enseñanza, la investigación y el servicio continúen siendo la prioridad.

2. La intervención de la Junta de Supervisión Fiscal y las decisiones del poder ejecutivo que han afectado directamente a la Universidad de Puerto Rico.

3. Las formas de administración interna que muchos consideran alejadas de la misión universitaria y de la participación democrática de su comunidad.


El abucheo se dirigía a una figura concreta, pero convocaba un conjunto mucho más amplio de inconformidades acumuladas. Era una interpelación a un modelo de gobernanza y a una cadena de decisiones que, para muchos universitarios y para amplios sectores del País, han contribuido al debilitamiento progresivo de la institución.


Por eso, reducir el acontecimiento a una desaprobación personal o a una reacción frente a un discurso específico sería perder de vista su dimensión política e institucional. El abucheo expresa un rechazo que, aunque apunta a una persona, alcanza también a las estructuras de poder que hoy inciden sobre el destino incierto y el progresivo debilitamiento de nuestra Universidad de Puerto Rico.


La presidenta fue el blanco inmediato del abucheo, pero no necesariamente su destinataria exclusiva. En ella parecieron condensarse los malestares dirigidos a la Junta de Supervisión Fiscal, al poder ejecutivo, a las formas contemporáneas de gobernanza universitaria y al progresivo deterioro de la autonomía institucional.


El abucheo no va solamente dirigido a la presidenta de la UPR. También debería ser escuchado por la Junta de Supervisión Fiscal y por quienes, desde distintos espacios de poder, toman decisiones sobre el presente y el futuro de la Universidad.


No se trata de simpatías o antipatías personales. Se trata de la capacidad de escuchar el malestar cuando este se manifiesta de manera pública y reiterada. Cuando una autoridad parece ignorar ese reclamo, el problema deja de ser el abucheo mismo y pasa a ser la fractura que el abucheo revela.


Por eso, me parece que lo ocurrido no habla únicamente de un discurso. Habla de una Universidad que intenta hacerse escuchar y de una administración que, al menos en apariencia, continúa aplaudiendo mientras el descontento crece a su alrededor.

 
 
 

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