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SE TAMBALEA LA LIBERTAD DE PRENSA EN ESTADOS UNIDOS

Lo que ocurre hoy en 60 Minutes no es solo la caída de un programa icónico: es un

síntoma de algo más grave. Cuando el poder económico y el poder político convergen

para silenciar las redacciones, la democracia pierde uno de sus últimos espejos. Para

quienes estudiamos comunicaciones, esto es síntoma de algo mucho más grave que el

mundo orwelliano del libro 1984.


Por: Brenda Reyes Tomassini,

Relacionista Profesional


El despido de veteranos corresponsales de 60 Minutes y la injerencia política en

sus contenidos revelan una presión sistemática sobre uno de los bastiones del

periodismo investigativo estadounidense. “Good evening, I’m Mike Wallace and this is 60 Minutes.”


Durante mi niñez y adolescencia, en los 1980’s, soñaba con ser periodista, y fueron

muchos los domingos que esperaba escuchar esa breve introducción tras el chasquido

de las manecillas del reloj del gráfico que antecedía al saludo de Wallace, como un

ritual que marcaba el inicio del programa 60 Minutes. A veces lo veía con mi papá, pero

cuando me mudé a estudiar comunicaciones a Nueva Orleans se convirtió en parte de

la rutina dominical que comenzaba con In Living Colour y culminaba con la emisión

semanal de 60 Minutes.



En Puerto Rico, antes de la internet, de las redes sociales y del mundo hiperconectado

de hoy día, dependíamos de las noticias en radio, el repaso mundial informativo en tv o

alguna que otra nota en prensa nacional de PR para acceder a periodismo informativo sobre

acontecimientos mundiales o en Estados Unidos. Mis dos referentes de buen

periodismo eran la edición dominical de The New York Times, que Papi traía

religiosamente de su oficina los martes ya estrujada y leída por varias personas, o 60

Minutes.


El 24 de septiembre de 1968, la cadena CBS emitió el primer episodio de 60 Minutes,

programa pionero del formato de “revista informativa” en televisión y el de mayor

duración en la historia de la televisión estadounidense en horario estelar. Originalmente

se emitía cada dos domingos, y desde 1972 todas las semanas. Su primer episodio

incluía cobertura de las campañas presidenciales de Nixon y Humphrey, entrevistas y

hasta un debate entre sus presentadores sobre la naturaleza de la realidad.


A lo largo de su trayectoria, el programa ha ganado más premios Emmy que cualquier otro de horario estelar, y por sus micrófonos han pasado figuras como Walter Cronkite, Diane

Sawyer, Christiane Amanpour, Katie Couric y Anderson Cooper, entre otros referentes

del periodismo norteamericano.


Hoy, ese legado enfrenta su mayor amenaza. El despido fulminante el martes dos de jnunio del veterano corresponsal Scott Pelley, tras criticar públicamente los cambios que editora-jefa llevaba a cabo en el programa, se enmarca en un fenómeno mucho más

amplio: la progresiva toma de poder de los medios tradicionales por parte de

empresarios cercanos al presidente Donald Trump.


Todos estos movimientos se producen mientras Paramount, empresa matriz de CBS, trata de cerrar el acuerdo de adquisición de Warner Brothers, propietaria de CNN. El director ejecutivo de Paramount es David Ellison, hijo de Larry Ellison, multimillonario donante del Partido Republicano y estrecho aliado de Trump.


Las señales de alarma no son nuevas. El 21 de diciembre de 2025, la cadena retiró

abruptamente un segmento sobre el Centro de Confinamiento para Terroristas de El

Salvador (CECOT) y la deportación de migrantes venezolanos. La corresponsal Sharyn

Alfonsi acusó a Bari Weiss -recién nombrada editora en jefe de CBS News - de intervenir

por motivos políticos, a pesar de que el segmento había sido aprobado por el personal

de la cadena. Weiss sostuvo que la nota “no estaba lista”, aunque fuentes internas

informaron al New York Times que, dos días antes de la emisión, Weiss exigió incluir

una entrevista con Stephen Miller u otro funcionario de la administración Trump. El

equipo de producción había solicitado comentarios a la Casa Blanca, el Departamento

de Estado y el Departamento de Seguridad Nacional, pero todas las peticiones fueron

rechazadas. La transmisora canadiense Global acabó publicando “accidentalmente” el

montaje original, disparando así su difusión en línea. El segmento se emitió finalmente

el 18 de enero de 2026


La temporada número 58 de 60 Minutes terminó con siete corresponsales. Ahora

quedan cuatro. Anderson Cooper anunció en febrero su salida tras casi 20 años. CBS

News despidió luego a Sharyn Alfonsi y Cecilia Vega, al editor ejecutivo Draggan

Mihailovich-conocido por su visión cinematográfica a la hora de montar reportajes- y a

los productores Guy Campanile y Matthew Poelvoy. La salida más notable es quizás la

de Tanya Simon, quien acababa de convertirse en productora ejecutiva del programa,

la primera mujer en la historia de la televisión en ocupar ese cargo en 60 Minutes.


Pelley, por su parte, había cuestionado públicamente al nuevo productor Nick Bilton,

nombrado responsable del programa sin experiencia previa al frente de un noticiero

semanal de televisión.


Cecilia Vega fue contundente en su comunicado tras el despido: “En los últimos meses,

mis equipos de producción y yo hemos sufrido intentos de introducir sesgos políticos en

nuestras historias. Los equipos de reporteros se han abstenido de presentar

propuestas sobre temas de actualidad importantes por temor a represalias internas.

Llamemos a las cosas por su nombre: censura, tanto impuesta como voluntaria. Es

peligroso para el programa y peligroso para la democracia".


Lo que ocurre hoy en 60 Minutes no es solo la caída de un programa icónico: es un

síntoma de algo más grave. Cuando el poder económico y el poder político convergen

para silenciar las redacciones, la democracia pierde uno de sus últimos espejos. Para

quienes estudiamos comunicaciones, esto es síntoma de algo mucho mas grave que el

mundo orwelliano del libro 1984.


Este fenómeno, que muchos podrían ver como algo lejano y propio de la política

continental, tiene su eco más cercano de lo que imaginamos. En Puerto Rico, la

gobernadora Jenniffer González Colón-hija política declarada de Trump y figura clave

del Partido Republicano en la isla- ha sido muy hostil con la prensa desde su llegada a

La Fortaleza. En diciembre de 2025, periodistas del Centro de Periodismo Investigativo

(CPI) fueron vetados de las conferencias de prensa semanales en La Fortaleza. El

mecanismo utilizado fue exigir una credencial oficial del Departamento de Estado como

condición de acceso.


El pasado 24 de febrero, el Tribunal de Primera Instancia le prohibió a la gobernadora y

a su equipo de prensa imponer esa condición. La jueza del caso resolvió que la

exigencia de la credencial “coarta e incide sustancialmente sobre la función

periodística” de los demandantes, pues le niega acceso a información gubernamental

esencial sobre asuntos públicos. El fallo aplica a toda conferencia de prensa convocada

por la gobernadora “en La Fortaleza o en cualquier otro lugar”. Posteriormente, el

Tribunal Supremo de Puerto Rico revocó al Tribunal de Instancia y decidió que se puede exigir dicha credencial, vulnerando a todas luces la libertad de prensa.


Es harto conocido que todos los medios corporativos en Puerto Rico responden a

líneas editoriales que son manejadas por los poderes político y económico. Muchos

periodistas pueden atestiguar de las consecuencias de contravenir dichas directrices.

Sin embargo, el fenómeno en Puerto Rico se mueve más hacia la obstaculización y

falta de transparencia que a la injerencia directa en el medio como es el caso de CBS. El programa Cuarto Poder, de Wapa TV, que producía investigación por parte de periodistas bonafide, fue cancelado dejando el tufo de que fue pedido directo de La Fortaleza que se disfrazó con "declive en la pauta comercial".


Como colofón, el programa que sigue el formato de 60 Minutes en Telemundo, Rayos

X, no ha estado exento de controversias recientes que atentan contra el derecho a la

libertad de expresión. Hace dos meses salió a la luz publica que durante una

entrevista en vivo con el periodista, José Carlos Sánchez, quien denunció violaciones a

parámetros éticos y legales en procesos de contratación en el Departamento de Salud,

durante la pasada administración y el cierre de un caso de parte del Departamento de

Justicia, la actual titular del Departamento de la Familia llevó a su oficial de prensa, y

parada tras la cámara, daba instrucciones a la secretaria.


Como relacionista, considero que esa conducta antiética, es una intervención indebida que interrumpe la labor del periodista y asemeja un poco la actitud asumida por la administración actual en los Estados Unidos.


El paralelismo es imposible de ignorar. En Washington, los periodistas son excluidos de

ruedas de prensa mientras en San Juan, son vetados de La Fortaleza. En CBS, se

exige entrevistar al funcionario afín antes de publicar, en Puerto Rico, se exige una

credencial inexistente para entrar y los oficiales de prensa campean por su respeto

interviniendo en entrevistas. Los mecanismos cambian, la intención es la misma:

decidir qué elementos se pueden contar la historia y quien la debe narrar.

 
 
 

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