SE TAMBALEA LA LIBERTAD DE PRENSA EN ESTADOS UNIDOS
- carmenenid
- Jun 6
- 6 min read
Lo que ocurre hoy en 60 Minutes no es solo la caída de un programa icónico: es un
síntoma de algo más grave. Cuando el poder económico y el poder político convergen
para silenciar las redacciones, la democracia pierde uno de sus últimos espejos. Para
quienes estudiamos comunicaciones, esto es síntoma de algo mucho más grave que el
mundo orwelliano del libro 1984.
Por: Brenda Reyes Tomassini,
Relacionista Profesional
El despido de veteranos corresponsales de 60 Minutes y la injerencia política en
sus contenidos revelan una presión sistemática sobre uno de los bastiones del
periodismo investigativo estadounidense. “Good evening, I’m Mike Wallace and this is 60 Minutes.”
Durante mi niñez y adolescencia, en los 1980’s, soñaba con ser periodista, y fueron
muchos los domingos que esperaba escuchar esa breve introducción tras el chasquido
de las manecillas del reloj del gráfico que antecedía al saludo de Wallace, como un
ritual que marcaba el inicio del programa 60 Minutes. A veces lo veía con mi papá, pero
cuando me mudé a estudiar comunicaciones a Nueva Orleans se convirtió en parte de
la rutina dominical que comenzaba con In Living Colour y culminaba con la emisión
semanal de 60 Minutes.

En Puerto Rico, antes de la internet, de las redes sociales y del mundo hiperconectado
de hoy día, dependíamos de las noticias en radio, el repaso mundial informativo en tv o
alguna que otra nota en prensa nacional de PR para acceder a periodismo informativo sobre
acontecimientos mundiales o en Estados Unidos. Mis dos referentes de buen
periodismo eran la edición dominical de The New York Times, que Papi traía
religiosamente de su oficina los martes ya estrujada y leída por varias personas, o 60
Minutes.
El 24 de septiembre de 1968, la cadena CBS emitió el primer episodio de 60 Minutes,
programa pionero del formato de “revista informativa” en televisión y el de mayor
duración en la historia de la televisión estadounidense en horario estelar. Originalmente
se emitía cada dos domingos, y desde 1972 todas las semanas. Su primer episodio
incluía cobertura de las campañas presidenciales de Nixon y Humphrey, entrevistas y
hasta un debate entre sus presentadores sobre la naturaleza de la realidad.
A lo largo de su trayectoria, el programa ha ganado más premios Emmy que cualquier otro de horario estelar, y por sus micrófonos han pasado figuras como Walter Cronkite, Diane
Sawyer, Christiane Amanpour, Katie Couric y Anderson Cooper, entre otros referentes
del periodismo norteamericano.
Hoy, ese legado enfrenta su mayor amenaza. El despido fulminante el martes dos de jnunio del veterano corresponsal Scott Pelley, tras criticar públicamente los cambios que editora-jefa llevaba a cabo en el programa, se enmarca en un fenómeno mucho más
amplio: la progresiva toma de poder de los medios tradicionales por parte de
empresarios cercanos al presidente Donald Trump.
Todos estos movimientos se producen mientras Paramount, empresa matriz de CBS, trata de cerrar el acuerdo de adquisición de Warner Brothers, propietaria de CNN. El director ejecutivo de Paramount es David Ellison, hijo de Larry Ellison, multimillonario donante del Partido Republicano y estrecho aliado de Trump.
Las señales de alarma no son nuevas. El 21 de diciembre de 2025, la cadena retiró
abruptamente un segmento sobre el Centro de Confinamiento para Terroristas de El
Salvador (CECOT) y la deportación de migrantes venezolanos. La corresponsal Sharyn
Alfonsi acusó a Bari Weiss -recién nombrada editora en jefe de CBS News - de intervenir
por motivos políticos, a pesar de que el segmento había sido aprobado por el personal
de la cadena. Weiss sostuvo que la nota “no estaba lista”, aunque fuentes internas
informaron al New York Times que, dos días antes de la emisión, Weiss exigió incluir
una entrevista con Stephen Miller u otro funcionario de la administración Trump. El
equipo de producción había solicitado comentarios a la Casa Blanca, el Departamento
de Estado y el Departamento de Seguridad Nacional, pero todas las peticiones fueron
rechazadas. La transmisora canadiense Global acabó publicando “accidentalmente” el
montaje original, disparando así su difusión en línea. El segmento se emitió finalmente
el 18 de enero de 2026
La temporada número 58 de 60 Minutes terminó con siete corresponsales. Ahora
quedan cuatro. Anderson Cooper anunció en febrero su salida tras casi 20 años. CBS
News despidió luego a Sharyn Alfonsi y Cecilia Vega, al editor ejecutivo Draggan
Mihailovich-conocido por su visión cinematográfica a la hora de montar reportajes- y a
los productores Guy Campanile y Matthew Poelvoy. La salida más notable es quizás la
de Tanya Simon, quien acababa de convertirse en productora ejecutiva del programa,
la primera mujer en la historia de la televisión en ocupar ese cargo en 60 Minutes.
Pelley, por su parte, había cuestionado públicamente al nuevo productor Nick Bilton,
nombrado responsable del programa sin experiencia previa al frente de un noticiero
semanal de televisión.
Cecilia Vega fue contundente en su comunicado tras el despido: “En los últimos meses,
mis equipos de producción y yo hemos sufrido intentos de introducir sesgos políticos en
nuestras historias. Los equipos de reporteros se han abstenido de presentar
propuestas sobre temas de actualidad importantes por temor a represalias internas.
Llamemos a las cosas por su nombre: censura, tanto impuesta como voluntaria. Es
peligroso para el programa y peligroso para la democracia".
Lo que ocurre hoy en 60 Minutes no es solo la caída de un programa icónico: es un
síntoma de algo más grave. Cuando el poder económico y el poder político convergen
para silenciar las redacciones, la democracia pierde uno de sus últimos espejos. Para
quienes estudiamos comunicaciones, esto es síntoma de algo mucho mas grave que el
mundo orwelliano del libro 1984.
Este fenómeno, que muchos podrían ver como algo lejano y propio de la política
continental, tiene su eco más cercano de lo que imaginamos. En Puerto Rico, la
gobernadora Jenniffer González Colón-hija política declarada de Trump y figura clave
del Partido Republicano en la isla- ha sido muy hostil con la prensa desde su llegada a
La Fortaleza. En diciembre de 2025, periodistas del Centro de Periodismo Investigativo
(CPI) fueron vetados de las conferencias de prensa semanales en La Fortaleza. El
mecanismo utilizado fue exigir una credencial oficial del Departamento de Estado como
condición de acceso.
El pasado 24 de febrero, el Tribunal de Primera Instancia le prohibió a la gobernadora y
a su equipo de prensa imponer esa condición. La jueza del caso resolvió que la
exigencia de la credencial “coarta e incide sustancialmente sobre la función
periodística” de los demandantes, pues le niega acceso a información gubernamental
esencial sobre asuntos públicos. El fallo aplica a toda conferencia de prensa convocada
por la gobernadora “en La Fortaleza o en cualquier otro lugar”. Posteriormente, el
Tribunal Supremo de Puerto Rico revocó al Tribunal de Instancia y decidió que se puede exigir dicha credencial, vulnerando a todas luces la libertad de prensa.
Es harto conocido que todos los medios corporativos en Puerto Rico responden a
líneas editoriales que son manejadas por los poderes político y económico. Muchos
periodistas pueden atestiguar de las consecuencias de contravenir dichas directrices.
Sin embargo, el fenómeno en Puerto Rico se mueve más hacia la obstaculización y
falta de transparencia que a la injerencia directa en el medio como es el caso de CBS. El programa Cuarto Poder, de Wapa TV, que producía investigación por parte de periodistas bonafide, fue cancelado dejando el tufo de que fue pedido directo de La Fortaleza que se disfrazó con "declive en la pauta comercial".
Como colofón, el programa que sigue el formato de 60 Minutes en Telemundo, Rayos
X, no ha estado exento de controversias recientes que atentan contra el derecho a la
libertad de expresión. Hace dos meses salió a la luz publica que durante una
entrevista en vivo con el periodista, José Carlos Sánchez, quien denunció violaciones a
parámetros éticos y legales en procesos de contratación en el Departamento de Salud,
durante la pasada administración y el cierre de un caso de parte del Departamento de
Justicia, la actual titular del Departamento de la Familia llevó a su oficial de prensa, y
parada tras la cámara, daba instrucciones a la secretaria.
Como relacionista, considero que esa conducta antiética, es una intervención indebida que interrumpe la labor del periodista y asemeja un poco la actitud asumida por la administración actual en los Estados Unidos.
El paralelismo es imposible de ignorar. En Washington, los periodistas son excluidos de
ruedas de prensa mientras en San Juan, son vetados de La Fortaleza. En CBS, se
exige entrevistar al funcionario afín antes de publicar, en Puerto Rico, se exige una
credencial inexistente para entrar y los oficiales de prensa campean por su respeto
interviniendo en entrevistas. Los mecanismos cambian, la intención es la misma:
decidir qué elementos se pueden contar la historia y quien la debe narrar.

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