SE APAGA EL MICRÓFONO Y COMIENZAN LAS PREGUNTAS
- carmenenid
- May 21
- 4 min read
Durante la conferencia de prensa del pasado martes, el alcalde concluyó el evento de forma abrupta tras negarse a contestar preguntas y señalamientos, reaccionando de forma prepotente y arrogante, faltándole el respeto a la prensa y asumiendo una actitud defensiva.
Brenda Reyes Tomassini
Relacionista
En Puerto Rico, la relación entre prensa y gobierno no es solamente un asunto de comunicación, es un tema de calidad democrática. El politólogo y profesor universitario, Andreas Schedler, plantea que la democracia requiere transparencia, rendición de cuentas (“accountability”) y que el gobierno explique sus decisiones y pueda ser fiscalizado. Ahí la prensa cumple una función esencial porque actúa como mecanismo de vigilancia pública.
Esta semana vimos como el alcalde de Cataño, Julio Alicea, convocó una conferencia de prensa en aras de aparentar transparencia, pero dejó demostrado que solo está dispuesto a contestar lo que le conviene, olvidando el mandato del pueblo, que lo eligió con el 57.7% del voto a regentar la poltrona municipal y obviando que el pueblo no le hizo un favor. Responder las preguntas de la prensa es la mínima condición de legitimidad del poder público.

Decía el filósofo alemán Jürgen Habermas, que en la “esfera pública”, ese espacio donde la ciudadanía debate y forma opinión informada, los participantes deben comunicarse de forma transparente y veraz. Cuando el acceso a información se limita, cuando se sustituye transparencia con propaganda o se hostiga a la prensa, lo que se debilita no es solo el periodismo; es la capacidad del país de deliberar democráticamente. En Puerto Rico eso es particularmente importante en momentos de crisis, porque la confianza pública depende de información creíble, accesible y verificable.
Durante la conferencia de prensa del pasado martes, el alcalde concluyó el evento de forma abrupta tras negarse a contestar preguntas y señalamientos, reaccionando de forma prepotente y arrogante, faltándole el respeto a la prensa y asumiendo una actitud defensiva.
La estrategia del alcalde combinó evasión de responsabilidad con minimización. Llamar "errores administrativos" a irregularidades documentadas por la Oficina de la Contralora es un movimiento retórico conocido en comunicación de crisis. El problema es que esa estrategia funciona cuando hay opacidad de información. Cuando ya existe un informe público con siete hallazgos y referidos al Departamento de Justicia, la evasión amplifica el daño en lugar de contenerlo.
Como relacionista, lo primero que le digo a cualquier cliente antes de una conferencia de prensa es: si no estás dispuesto a responder la pregunta más incómoda, no convoques. Porque el silencio o la salida abrupta se convierten en la noticia. El alcalde pensó que llegó a explicar, más sin embargo la ausencia de información fue generando más preguntas de la prensa. Además, previo a cada conferencia de prensa, un relacionista debe llevar a cabo una sesión de fogueo con su jefe o cliente. ¿Fue tan iluso el alcalde de pensar que podía pararse frente a un micrófono sin hacerlo?
La primera regla en comunicación de crisis, cuando existe evidencia documental, es no combatir la evidencia, sino contextualizarla. Hay que dar nombres, explicar el proceso correctivo, demostrar transparencia activa, no reactiva. La transparencia no es solo ética, es estratégica. Un funcionario que atiende a la prensa con apertura controla mejor el mensaje que uno que evade. La evasión transfiere el poder narrativo completamente al periodista.
Lo que vimos en Cataño esta semana es un gobierno que confunde la legitimidad electoral con una licencia para administrar sin rendir cuentas. Ganar una elección no sustituye la obligación de explicar. Todo lo contrario. La elección obliga a esa rendición que en la democracia se convierte en un foco de ejecución responsable con el pueblo que participa del proceso democrático y que propone el voto como herramienta fundamental de esa.
Nunca vimos a un relacionista moderar dicha conferencia. El alcalde lució desencajado una vez se abrieron las preguntas a la prensa, además de adoptar la actitud antes mencionada.
El rol del relacionista en este tipo de evento es necesario. Somos el intermediario o eslabón entre la prensa y el funcionario electo, y, guiados por principios éticos, siempre procuramos establecer comunicación veraz, transparente y orientada al interés público. En ese ejercicio no podemos discriminar entre diferentes medios de comunicación y periodistas, una tendencia muy preocupante en el gobierno de Jenniffer González, quien a su vez emula la administración de Donald Trump.
Como profesionales estamos llamados a ser facilitadores. Hostigar a la prensa, limitar el acceso a la información, utilizar la censura y la propaganda, debilita no solo el periodismo, también la capacidad del país de deliberar democráticamente.
Puerto Rico no puede darse el lujo de normalizar el desprecio hacia la prensa. La libertad de prensa no es un privilegio del periodista. Es un derecho del pueblo a mantenerse informado y se construye a diario. Y cuando un funcionario electo le da la espalda a la prensa, en realidad le está dando la espalda a quienes lo pusieron ahí. Cuando se apaga el micrófono y no se contestan las preguntas hay una erosión de la democracia. El voto no es un premio. Es una deuda.

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