Entre el deseo y el miedo: dos libros para entender la política puertorriqueña hoy
- ecolon106
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Eliseo R. Colón Zayas, Ph.D.
Presidente Fundación Periodismo Siglo XXI
En los últimos años, una explicación fácil se ha vuelto recurrente para entender el avance de políticas punitivas, conservadoras o abiertamente autoritarias: la falta de educación, la desinformación mediática, el “analfabetismo político” de la ciudadanía. Esa explicación tranquiliza a quienes la formulan, pero explica muy poco. Dos libros recientes —Post Capitalist Desire, The Final Lectures (2021, Repeater Books) de Mark Fisher y Los paisajes emocionales de las ultraderechas masivas (2024, Editorial Universidad de Guadalajara) de Alejandro Grimson— obligan a abandonar ese atajo cómodo y a pensar la política desde un lugar más incómodo: el de los afectos, el deseo y las emociones colectivas.
Aunque escritos en contextos distintos y con lenguajes diferentes, ambos libros convergen en una tesis central: la política contemporánea no se decide principalmente en el terreno de la razón ni del conocimiento, sino en el de lo que las personas sienten posible, deseable o amenazante. Esa intuición resulta particularmente útil para pensar el Puerto Rico actual, donde el ruido moral sustituye al debate jurídico y el castigo se presenta como solución a problemas estructurales.
Mark Fisher: cuando el problema no es lo que sabemos, sino lo que deseamos
Post Capitalis Desire recoge las últimas clases de Mark Fisher antes de su muerte. Lejos de ser un manual optimista, es un diagnóstico lúcido y, en muchos momentos, inquietante. Fisher parte de una observación simple: no basta con demostrar que el sistema es injusto si ese sistema sigue siendo emocionalmente satisfactorio. Las personas pueden saber que algo no funciona y aun así desear que continúe.
Para Fisher, el capitalismo tardío, y por extensión sus versiones políticas autoritarias como las de Trump, Putin, Erdogan, Netanyahu, Orbán, etc., triunfa porque organiza el deseo. El capitalismo tardío produce un clima emocional donde el orden, la seguridad punitiva y la certeza resultan más atractivos que la justicia, la complejidad o la deliberación. En ese contexto, explicar el voto conservador como “ignorancia” es un error: no se trata de falta de información o desconocimiento, sino de una economía del deseo cuidadosamente administrada.
Aplicado a Puerto Rico, Fisher ayuda a entender por qué proyectos jurídicamente defectuosos, conceptualmente incoherentes y potencialmente peligrosos no sólo logran pasar el cedazo legislativo, sino que además despiertan entusiasmo político en sectores amplios de la población, como ha ocurrido repetidamente con iniciativas impulsadas por Jenniffer González y por legisladores del PNP, del PPD y del Proyecto Dignidad. No importan tanto los detalles técnicos como la promesa afectiva: orden frente al caos, castigo frente a la incertidumbre, unanimidad frente al conflicto. La ley deja de ser un instrumento racional y se convierte en un objeto de satisfacción simbólica.
Alejandro Grimson: la política como paisaje emocional
El libro de Alejandro Grimson, Los paisajes emocionales de las ultraderechas masivas, dialoga desde otro ángulo con el mismo problema. Grimson desmonta una idea persistente: que la ultraderecha crece porque “la gente no entiende” o “vota contra sus intereses”. Para Grimson, esa explicación no solo es falsa, sino políticamente inútil.
Grimson propone pensar la política como un paisaje emocional compartido: un entramado de miedos, resentimientos, nostalgias y deseos de orden que atraviesan clases sociales y niveles educativos. Las derechas contemporáneas no triunfan por ofrecer mejores argumentos, sino por sintonizar mejor con esas emociones. El miedo al desorden, a la pérdida de jerarquías, a la disolución de identidades conocidas se convierte en el motor de decisiones políticas que, vistas desde fuera, parecen contradictorias.
En Puerto Rico, este enfoque permite comprender por qué ciertos discursos morales y punitivos logran apoyo incluso cuando empeoran las condiciones de vida. No se vota por programas, sino por sensaciones de pertenencia, claridad y control. La política se vuelve una administración de afectos antes que un ejercicio de razón pública.
Donde Fisher y Grimson se encuentran
Leídos juntos, Fisher y Grimson se potencian. Fisher explica cómo el deseo es capturado; Grimson muestra cómo ese deseo se distribuye socialmente en forma de emociones compartidas. Fisher habla de economía libidinal, es decir, la gestión política del deseo; Grimson, de climas afectivos. Ambos coinciden en algo crucial: la derecha contemporánea entiende mejor que nadie que la política no se gana convenciendo, sino haciendo sentir.
Esto ilumina fenómenos recientes en Puerto Rico: votaciones legislativas convertidas en rituales, decisiones tomadas en coro, ausencia de responsabilidad individual. No son simples errores institucionales ni improvisaciones. Son escenificaciones emocionales que producen unanimidad aparente y descargan ansiedad colectiva. El ruido sustituye al argumento porque el ruido tranquiliza.
Más allá del desprecio: una crítica necesaria
Estos libros también obligan a revisar el tono de la crítica. Descalificar a los votantes como ignorantes o poco educados no solo es injusto: refuerza el paisaje emocional que las derechas explotan. Fisher y Grimson coinciden en que el verdadero problema no es la falta de inteligencia ciudadana, sino la pobreza de imaginación política que el propio sistema ha cultivado.
Pensar la política puertorriqueña desde estos marcos no implica justificar el autoritarismo, sino entender su eficacia. Sólo así es posible confrontarlo. La pregunta deja de ser “¿por qué los votantes y la ciudadanía no entienden?” y pasa a ser “¿qué deseos y miedos están siendo movilizados, y con qué fines?”.
Un cierre necesario
Fisher y Grimson no ofrecen recetas fáciles. Ofrecen algo más incómodo: la certeza de que la lucha política no se gana solo con datos, leyes bien escritas o argumentos correctos, sino disputando el terreno de los afectos. En un Puerto Rico donde la ley se grita más de lo que se piensa, estos libros funcionan como advertencia y como herramienta.
Si algo enseñan ambos es esto: cuando la política abandona el pensamiento y se refugia en la moralina y el castigo, no estamos ante un déficit educativo, sino ante una reorganización profunda del deseo y del miedo. Y ese es, quizá, el desafío más urgente de nuestro presente y de nuestro futuro como país.

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