La Junta de Control Fiscal como Comité Académico de Presidenta UPR
- carmenenid
- Apr 6
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Eliseo R. Colón Zayas, Ph.D.
Presidente Fundación Periodismo Siglo 21
No hay nada mejor que estar convaleciendo en casa para fijarse en todos aquello que pasa desapercibido. Veo una foto en Facebook del 31 de marzo y saco lápiz y papel para un ejercicio de semiótica 101. Leo un comunicado breve y, enseguida, pregunto por voz narrativa. Para mí, ni la foto, ni el comunicado, colgados en Facebook en el muro de la Administración Central de la UPR, representan un encuentro más en la agenda institucional de Zayira Jordán Conde.
Ni la foto, ni el comunicado ameritan titulares. Supuestamente no informan nada que interrumpa la rutina informativa de la prensa corporativa nacional. Y, sin embargo, es precisamente ahí —en lo aparentemente insignificante— donde se revela con mayor claridad el bisturí afilado para las heridas profundas con el que Jordán Conde, el ejecutivo, y la Junta de Control Fiscal pretenden destruir la UPR.

La imagen: la presidenta de la Universidad de Puerto Rico se reúne con representantes de Miami Dade College para hablar sobre inteligencia artificial. A su lado, casi como si fuera un detalle decorativo, el director de política de desarrollo económico de la Junta de Supervisión Fiscal. El texto acompaña al lenguaje esperado: innovación, talento, futuro, fuerza laboral. Todo en orden. Todo correcto. Todo perfectamente calibrado para no decir demasiado.
Pero el problema nunca ha sido lo que se dice. Es cómo se organiza la escena. Lectores y lectoras, esa foto no documenta una reunión. Documenta una alineación de poderes.
La universidad, que históricamente se pensaba a sí misma como un espacio de conocimiento, aparece ahora inscrita en un triángulo preciso: control fiscal, capacitación técnica y desarrollo económico. La presencia de la Junta es esa foto no es simbólica, como lo es el ángel en el cuadro de Marini. En esta foto la presencia de la Junta es estructural. Es la confirmación de que la universidad ya no se piensa desde su autonomía, sino desde su función en una economía administrada. Y la referencia a Miami Dade College no es casual: no se busca el modelo de investigación crítica, sino el de educación flexible, modular, orientada a la empleabilidad inmediata.
Aquí conviene detenerse. No sé si la referencia amerita un ¡OMG! o un ¡WOW! La comparación, en términos académicos, es asimétrica. La UPR —en recintos como Río Piedras, Mayagüez o Ciencias Médicas— es una institución de investigación, con programas doctorales, producción académica y una tradición intelectual que ningún community college estadounidense puede equiparar. Miami Dade College no compara, ni compite con la UPR en ningún terreno. Miami Dade College es una institución que no produce conocimiento en el mismo sentido que la UPR. Y, tampoco articula un proyecto intelectual comparable.
Entonces, la pregunta no es si Miami Dade College es mejor o peor. La pregunta se ajusta a la mentalidad de una CEO como Zayira Jordán Conde, que concibe la universidad como un centro de mejoramiento profesional: ¿qué puede ofrecer un community college a una universidad de investigación? La respuesta, si se mira sin ingenuidad, no está en la excelencia académica. Está en el modelo. Puede ofrecer: modularización curricular, certificaciones rápidas, estructuras de bajo costo, alineación directa con el mercado laboral, educación como servicio escalable. Es decir, no ofrece profundidad. Ofrece eficiencia.
Y eso es exactamente lo que tiene que importarnos. Nada de esto es nuevo en los meses que lleva Zayira Jordán Conda en la presidencia de la UPR. Ya estaba ahí, cuidadosamente ensayado en otros espacios. Busquen la entrevista que le hace Zayira Jordán Conde a Federico Stubbe en el canal de YouTube de la Administración Central. En la conversación entre Jordán Conde y Federico Stubbe, la universidad no aparece como comunidad intelectual, sino como una plataforma de desarrollo económico. La conversación no giraba en torno al conocimiento, sino a la inversión. No se hablaba de pensamiento, sino de ecosistemas. La universidad como nodo, como hub de intermediación económica, donde el conocimiento no se produce, sino que se gestiona. Como una infraestructura. Como pieza dentro de una maquinaria mayor que no se discute; sólo se ejecuta.
Y en el centro de todo, ese “yo” de Zayira Jordán Conde. Ese “yo” que habla, que decide, que armoniza. Ese “yo” que no argumenta, sino que gestiona. Que no produce conocimiento, sino confianza. Que no entra en conflicto, sino que lo disuelve en el lenguaje. Es el “yo” de la gerencia, no el de la academia. El “yo” que convierte a la universidad en un proyecto personal administrable, en una narrativa institucional controlada, en una interfaz entre políticas públicas y mercados.
Si buscan bien, se toparán con dos proyectos que Jordán Conde gestionó en otro centro de educación superior del país —RING Puerto Rico y Bridge in Cybersecurity Education— y encontrarán el mismo patrón: grandes palabras, lenguaje técnico y promesas de innovación sostenidas por una notable ausencia de evidencia. Porque mientras RING en Estados Unidos puede mostrar alguna expansión, su versión jíbara en Puerto Rico, creada por Jordán Conde, no cuenta con métricas públicas de alcance, adopción, resultados de aprendizaje o continuidad; lo que hay es una cumbre, un portal y un adjetivo: “éxito”. Bridge in Cybersecurity Education resulta aún más revelador: aparece en credenciales y discursos, pero sin rastro verificable de productos, informes o resultados. Sin datos, no hay evaluación; y sin evaluación, no hay programa, hay etiqueta. Ese vacío no es menor: es el mismo mecanismo por el cual el discurso sustituye a la evidencia y la planificación se convierte en improvisación.
Por eso, cuando uno escucha a Jordán Conde hablar de inteligencia artificial —promoviendo herramientas y alineando cursos bajo la mirada de la Junta de Supervisión Fiscal—, lo que emerge no es una visión intelectual, sino una fe tecnocrática, un oráculo que falla. Y en ese fallo, su retórica se acerca peligrosamente a la de Donald Trump: mucho ruido, mucha amenaza, mucha promesa… y una incapacidad alarmante para sostener, con evidencia o estrategia, lo que se dice.

Jordán Conde parece no saber que la UPR siempre ha sido y sigue siendo clave para el desarrollo económico del país, así que para lo intelectual y lo cultural. Los discursos, entrevistas, comunicados y fotos tampoco muestran que el modelo de una UPR para el desarrollo económico de Puerto Rico de la señora Jordán Conde fuera uno basado en la investigación en ciencias, tecnología, ingeniería y matemáticas. Todo lo contrario, un modelo así, en su sentido pleno, requiere pensamiento crítico desde las humanidades, las ciencias sociales, las artes y las ciencias humana. La UPR de Jordán Conde jamás serviría para el desarrollo económico del país ya que lo que quiere es una UPR dedicada a la capacitación, a la empleabilidad y a la respuesta automática a las demandas del mercado.

Y eso no es una simplificación menor. Es una transformación radical. Porque sin ese andamiaje crítico, la ciencia deja de ser un espacio de interrogación para convertirse en una tecnología de apretar botones con la intención de optimizar y ejecutar. Pero cuando las destrezas y procedimientos tecnológicos cambian, nace el nuevo desempleado.
Y entonces todo encaja. La foto en Facebook. La entrevista con Federico Stubbe. El modelo de community college. Los programas de ciberseguridad sin evidencia. El lenguaje de la innovación sin conflicto. Estos no son eventos aislados.
Pero volvamos a la foto. Porque ahí está todo.
Ahí está la presidenta, hablando de inteligencia artificial. Ahí está el representante de un community college, ofreciendo el modelo. Y ahí está —sin disimulo alguno— el funcionario de la Junta de Supervisión Fiscal, la entidad que en estos momentos define el presupuesto, condiciona las decisiones y delimita el margen de acción de la universidad.
Esa presencia no es decorativa. No es protocolar. No es casual. Es la imagen más honesta de lo que está ocurriendo. La universidad no está dialogando. Está siendo alineada.
Cuando el pensamiento se organiza bajo la mirada de quien controla las finanzas, no es alianza: es intervención. No hace falta un decreto para transformar la universidad; basta con una foto bien tomada en la que —sin decir una palabra— aparecen quién decide, quién ejecuta y quién obedece. Esa imagen lo revela todo: la universidad que Zayira Jordán Conde está construyendo.

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